12.2.11

Crónicas de una calle perpendicular al puerto.

6/ 2/ 2011
Realmente no estás tan solo, estás conmigo, yo estoy durmiendo en tu almohada ficticia , víctima de un exceso de reacciones químicas en mi cerebro.
Realmente no estoy tan sola, me gustaría ser parte de la cruel ficción que siempre en chispas, puede ponerse incandescente con solo una palabra.
Realmente nadie está solo, alguien siempre piensa en vos, no en mí, en vos. Ese alguien necesita muchas veces una mirada, un parpadeo para que sus días tengan sentido.
Suaves cerdas de un cepillo de sombras, cepillo que ha de ser destruido. 
Inclemencias del tiempo, rayos de luz. Ceguera. Su mente recorre lugares inauditos. Lugares privados que nadie conoce.
Ella aparenta calma, aparenta una inocencia y una dulzura inexistentes. Su alma se corrompió. La necesidad de poder la llena de sed.
Con redes anchas de suave cortejo de muerte, pesca pensamientos muy pequeños que se colan por los agujeros de la vida. Sombras en sombras con evanescencia. Puntos de cáncer.
Criminales que no lo hacen a propósito; jugadores de la vida  que se reflejan en un espejo y el resultado es un suburbio vacío.
Se ejercita la mente con reflexiones puras sobre  lo que nunca fue pronunciado. Tampoco ella lo pronunciará.
Cuando sale el Sol, ella ve en el día el corte de la libertad: la mariposa vuelve a ser crisálida. 
Música mental lamentable, producto de la pobreza superflúa de opciones y asociaciones de libre opinión.
Cuando sus palabras forman un mar en el que es fácil naufragar, quiere y desea que alguien tomara en cuenta que las balsas tienen un costo de alquiler.